Gustave Doré: ¿Maestro Incomprendido o ‘Workaholic’ Genial del Siglo XIX?
¿Fue Gustave Doré uno de los mejores ilustradores del siglo XIX o, como algunos críticos de su época, un mero cursi y segundón? En este artículo, Antonio García Villarán nos adentra en la fascinante figura de este artista prolífico y polémico. Prepárate para descubrir por qué Doré no solo fue un influencer de su tiempo, sino que su obra sigue resonando con fuerza en la actualidad.
Doré, un artista innegablemente prolífico y fascinante, dejó una huella imborrable en la historia del arte. Su obra es sencillamente espectacular, ilustrando libros tan importantes como El Quijote, La Biblia, y textos de autores de la talla de Balzac, Lord Byron o Gar Lanoe.
Sin embargo, a pesar de su inmenso éxito, el propio Doré reflejaba en sus cartas y escritos un sentimiento de «segundón». Quizás esto provenía de las numerosas críticas que recibió en su época, las cuales, curiosamente, lejos de hundirlo, lo convirtieron en un personaje aún más famoso. Algunas de estas críticas, sin embargo, estaban bien fundadas. Siendo francés, ilustraba libros de escritores ingleses sin dominar el idioma, lo que llevó a acusaciones de que sus ilustraciones eran demasiado teatrales, que se inventaba escenas o que aportaba demasiado al texto original.
Pero antes de sumergirnos en su vasta obra, conozcamos un poco más sobre su vida.
La Vida de un Prodigio del Dibujo
Gustave Doré nació en Estrasburgo en 1832. Un dato curioso es que comenzó a dibujar antes de aprender a escribir. A la temprana edad de 15 años, ya trabajaba como caricaturista en París con un contrato, llegando a cobrar mucho más que algunos de sus contemporáneos, incluyendo a Honoré Daumier, otro famoso ilustrador de la época. Su biografía sugiere que no tuvo una enseñanza reglada, lo que significaba que no asistió a ninguna escuela normativa. Sin embargo, para desarrollar su asombroso talento, Doré visitaba innumerables museos, observando y absorbiendo todo lo que veía. Poseía un don especial para el dibujo, complementado por una obsesión y dedicación inquebrantable al trabajo.
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Doré: Un Auténtico ‘Workaholic’
A Gustave Doré podríamos describirlo con un término muy de moda hoy día: un auténtico ‘workaholic’ o trabajólico. Estaba completamente obsesionado con su trabajo. Al observar sus grabados, uno no puede evitar maravillarse con la cantidad de detalle, la composición magistral, el manejo de la luz y el claroscuro. Se dice que dedicaba 16 horas al día al trabajo, una dedicación que, lamentablemente, le impidió tener una vida personal tradicional; no se le conocen ni mujer ni hijos. Se rumorea que era extremadamente tímido y que, quizás, al no gustarle mucho el mundo en el que vivía, se inventó el suyo propio a través de sus dibujos. Su verdadero y único amor fue el arte.
Críticas y Acusaciones de Plagio: ¿Inspiración o Copia?
A pesar de su genio, Doré fue objeto de muchas críticas en su época, aunque también recibió numerosos elogios. Le acusaban de copiarse de otros grabadores y de falta de originalidad. Por ejemplo, se decía que se inspiraba demasiado en Piranesi, cuyas «cárceles imposibles» y atmósferas sombrías podrían haber influido en sus grabados de la Divina Comedia. Otros le señalaban similitudes con John Martin, un pintor e ilustrador conocido por sus paisajes apocalípticos. Incluso se le comparaba con William Blake por sus composiciones y atmósferas etéreas.
A estas críticas, Doré respondía con una contundente afirmación: «El arte no se trata de quién lo pensó primero, sino de quién lo lleva más lejos.» Es importante recordar que todos los artistas se inspiran en sus contemporáneos y en el legado del pasado, seleccionando aquello que más les resuena o interesa.
La Inmensa Obra de un Genio
Gustave Doré realizó una cantidad asombrosa de trabajos a lo largo de su vida. Entre sus principales obras ilustradas destacan:
- La Divina Comedia de Dante: Con ilustraciones espectaculares que capturan la esencia del viaje de Dante.
- El Paraíso Perdido de Milton: Donde demuestra una precisión de líneas y una habilidad para conseguir diferentes tonos de grises absolutamente magistrales.
- La Biblia: ¿Quién no tiene o ha visto una Biblia ilustrada por Doré? Sus grabados son icónicos.
- El Quijote: En su época, estas ilustraciones fueron muy criticadas por «inventarse» muchas cosas. Sin embargo, al observar cómo Doré dibujó al Quijote, es evidente que no solo complementa las descripciones de Cervantes, sino que las eleva a la categoría de arte, ofreciendo una interpretación que ha quedado grabada en la mente colectiva. Y todo esto, hay que recordarlo, con líneas y en blanco y negro, en grabados excepcionales.
Doré como Pintor y Escultor: Un Éxito Menor
A pesar de su maestría como grabador y dibujante, Gustave Doré también incursionó en la pintura y la escultura, aunque con menos éxito. Él lo intentó con ahínco, creando cuadros espectaculares con composiciones similares a las de sus grabados. Sin embargo, si tuviéramos que ponerle un «pero», diría que sus pinturas, aunque técnicamente perfectas, a menudo carecían de alma.
Ejemplos como Los Saltimbanquis o Cristo saliendo de la corte son obras increíbles, repletas de personajes, luz y color, pero al compararlas con la intensidad de un cuadro de El Greco, la diferencia es palpable. De igual manera, sus esculturas como Cupido y la Parca, aunque técnicamente impecables en el modelado, para algunos gustos resultaban algo frías. Sus críticos lo acusaban de ser demasiado exagerado, teatral y dramático. Pero, ¿qué hay de malo en la fantasía y el dramatismo si son parte de la visión del artista?
Un Gigante Productivo con Problemas Financieros
Se calcula que Gustave Doré realizó más de 10.000 ilustraciones. Uno podría pensar que con tal volumen de obra, habría sido inmensamente rico. Sin embargo, no fue así. De hecho, llegó a tener problemas financieros. Este complejo de inferioridad respecto a su valía como «artista» (frente a «ilustrador») le llevó, por ejemplo, en 1867, a montar una gran exposición en Bond Street, Londres, con gran parte de su obra: pintura, escultura y grabado. Se gastó todo lo que no tenía, incluso trabajando en la iluminación del local. La exposición tuvo éxito de público y se vendieron algunas obras, pero no lo suficiente como para cubrir la inversión.
¿Cómo pudo Doré crear tal cantidad de obra en tan solo 51 años de vida?
El Taller de Doré: La Maquinaria Creativa
A pesar de su capacidad de trabajo (que, como hemos dicho, le costó la vida a los 51 años a causa de un infarto), Doré no trabajó solo. Contaba con un eficiente taller con ayudantes. Él realizaba las ilustraciones originales, los dibujos iniciales a tinta china y lápiz, plasmando la composición y la imagen desde la cual partirían. Luego, los mejores grabadores de la época, como Héliodore Pisan, Adolphe François Pannemaker o Joseph Swart, se encargaban de realizar las planchas de grabado. Doré era un obsesivo del detalle y supervisaba a todos para asegurar que el resultado final fuera exactamente como él lo deseaba.
Además, contaba con asistentes logísticos que organizaban materiales, compras y el montaje de exposiciones, vitales para mantener su nivel de producción. Su ambición era tal que llegó a decir: «¡Lo ilustraré todo!».
Algunas cifras de su producción son asombrosas:
- Para La Biblia: 241 grabados.
- Para La Divina Comedia: 135 grabados.
- Para El Quijote: 377 imágenes.
- Para las Fábulas de La Fontaine: 300 grabados.
El Legado Inmortal de Gustave Doré
A pesar del paso del tiempo, la influencia de Gustave Doré sigue siendo innegable. Todavía hoy se pueden adquirir grabados originales suyos, con precios que oscilan entre cientos y miles de euros. Su fama no ha disminuido, y su impacto se extiende a artistas contemporáneos y de otras disciplinas. Lady Gaga, Guillermo del Toro (quien ha reconocido la influencia de Doré en sus obras) y H.R. Giger (creador de Alien) son solo algunos de los muchos que han encontrado inspiración en su universo visual. Si nos remontamos más atrás, Van Gogh basó una de sus obras en un grabado de Doré.
El gusto por lo gótico, lo oscuro, lo dramático… Doré es, sin duda, una figura principal del siglo XIX, pero su trascendencia alcanza el siglo XX y el XXI. Como ilustrador, su obra no pasa de moda, y su supuesto «complejo de inferioridad» no se justifica con la grandeza de su legado.
Y tú, ¿cómo ves a Gustave Doré? ¿Un genio incomprendido o un «workaholic» adelantado a su tiempo? Déjame tu opinión en los comentarios y generemos debate. Si quieres que sigamos creando contenido como este, te invito a apoyar mi trabajo dando like, suscribiéndote a mi canal de YouTube y compartiendo este artículo. ¡Nos vemos muy pronto en www.antoniogarciavillaran.es!








